temporalmente inconexa


Trioval blues
02-08-07, 11:24 pm
Filed under: escritos, nada

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Nunca he tenido un concepto de familia muy claro. La trama -de la teleserie- de mi árbol genealógico siempre ha estado marcada por separaciones, rencillas, odios, infidelidades, duelos, penas, silencios. De hecho, si tuviera que describir lo que ahora creo que es un hogar para mí, diría que es una mezcla entre mucho ruido, y muchas pausas calladas. Todos hablan cuando no importa, y cuando hay algo vital que decir, nada. Casi todo es con música, casi siempre lo ha sido (y en realidad para todo). Es como un gran soundtrack para cada momento. Las cenas son melodías italianas, añejas, como una foto sepia de un señor mirando por una ventana a principios del siglo XX. Solo, generalmente solo. Los cumpleaños son casi siempre música calmada, sin muchos bajos, algo así como un día eterno en cámara lenta, que ruegas, termine pronto. Y así el resto, hasta el punto que he decidido armar mi propio hogar, mis propios padres y familiares, mantener algunos, sacar a otros. Siempre en el ideal de que algún día tenga la posibilidad de omitirlos. Nunca es así, siempre se mantiene ese inquieto silencio en el que he aprendido a vivir desde hace bastantes años, seguramente más de 18 en mi mente.

 

El resto es el resto, no juega en esas reglas. Generalmente hay color, generalmente hay grandes diálogos. Como una película inventada en mi cabeza, donde hay guión, efectos de sonido, enfoques especiales, tomas de diferentes ángulos. Y música, mucha música ruidosa para cada caminata, cada beso, cada abrazo y cada sensación (agradable o no) que se aparezca en el día. Pero no hay silencios, nunca hay nadie realmente callado. Cada pensamiento ocupa un espacio, y cada espacio se curva en una nota, y cada nota se queda en mi cabeza y nunca hay nadie que no diga una palabra. Siempre alguien escuchando, siempre alguien atento a lo que dices. Como una once con pan con palta, donde tus seres queridos te preguntan como estuvo tu día. Leche de chocolate en la mesa, la tele prendida y un mantel de plástico. ¿Cómo te fue hoy Daniela? Bien gracias respondería, mientras me pasan la mantequilla. De fondo suena Teleradio Donoso, y mis amigos disfrazados de mis familiares hablan de sus trabajos. Y por unos minutos me siento acompañada, en una historia inventada y lejana a lo convencional, pero completamente verídica y llena de voces y conversaciones que no dejan de inquietarme. Por suerte no dejan de inquietarme.

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