temporalmente inconexa


sol tibio
31-08-07, 9:36 pm
Filed under: Uncategorized


distorsionas y vuelves a armar, mis esquemas juveniles



false alarm
08-08-07, 9:44 pm
Filed under: escritos, felicidad

10: Creo que llego al mesón simplemente, no logro ver más arriba de éste y menos aún que ha cocinado mi abuela. Siento olor a lo que debe ser pollo, o mejor aún -y si tengo suerte-, cazuela. Me encanta comer acá, mi abuela se preocupada de entretenerme mientras prepara todo. Habla de sus hermanas, al parecer una de mis tías está embarazada. Afuera llueve y es como si no fuera a terminar, quizás llueva para siempre, quizás vea llover hasta que sea grande. Mi abuela inventa una historia, en ella la protagonista ve como nieva, ve como nieva eternamente.

 14: Llueve. Tenía que llover hoy, justo cuando no me siento bien y esta herida (mi no apéndice) duele más que nunca. Quizás no me siento bien porque llueve, pero no quiero pensarlo. Que lata estar acá, esperando que me llame y que no lo haga. Odio las vacaciones de invierno, odio el hecho de esperar como estúpida algo que obviamente no resultará. Llamaré a la Sara, me tienen aburrida estas viejas, no hacen más que gritar y gritar idioteces. No quiero enojarme, creo que prefiero andar triste. Sara no contesta, porque justo tenía que olvidar su celular hoy.

18:  Salimos de mi casa y sigue lloviendo. Al parecer quiere empezar a granizar porque veo una especie de hielo en mi mochila. Tomás dice que no es granizo, es nieve y al mismo tiempo miramos el cielo. Frente al foco del alumbrado público podemos captar los copos bajando lentamente. Resulta que está nevando y no lo había notado, tonta de mí que nunca ando atenta. Queremos ir a comer, pero no conocemos algún lugar agradable y que a la vez esté cerca de la casa de mi abuela. Nombramos los arrollados primavera, aquellos que comemos siempre para las fechas importantes. Pero no tenemos donde sentarnos (o en realidad refugiarnos), así que caminamos. Caminamos hasta la casa de mi tita entre salsa de soya y la comida china. Nos besamos en el camino, cuando nos quemamos, cuando estamos cerca de casa y en el paradero. Veo que se está yendo, y antes de que suba a la micro tomo sus hombros y lo doy vuelta. Nos acercamos ,un beso fugaz y se va definitivamente. Prometo recordarlo por siempre, recordar cada cosa de hoy por siempre.

 26: Llego a casa mojada completamente. Estaba lloviendo y justo salí sin paraguas. Tengo esa mala mañana de olvidarme de las cosas triviales-importantes del día a día. Ayer fue mi ipod, hace unos días mi libreta, mañana será el celular, si es que no olvido las llaves en unas horas. Pongo el agua para un té, detesto llegar cuando no hay nadie en casa, aunque preparo todo para cuando llegue. Prendo velas, pongo música y me cambio de ropa para no resfriarme. Me pongo mi pijama y sirvo dos té. Detesto que no me llame, así como mi abuela detestaba que no la llamara o no fuera a su casa, pero debe estar por llegar. Me siento a ver TV y suena el timbre. Sonrío, es él. Debo pedirle que me recuerde que debo visitar a mi abuela. Lo digo mientras me besa por primera vez en la tarde.



Trioval blues
02-08-07, 11:24 pm
Filed under: escritos, nada

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Nunca he tenido un concepto de familia muy claro. La trama -de la teleserie- de mi árbol genealógico siempre ha estado marcada por separaciones, rencillas, odios, infidelidades, duelos, penas, silencios. De hecho, si tuviera que describir lo que ahora creo que es un hogar para mí, diría que es una mezcla entre mucho ruido, y muchas pausas calladas. Todos hablan cuando no importa, y cuando hay algo vital que decir, nada. Casi todo es con música, casi siempre lo ha sido (y en realidad para todo). Es como un gran soundtrack para cada momento. Las cenas son melodías italianas, añejas, como una foto sepia de un señor mirando por una ventana a principios del siglo XX. Solo, generalmente solo. Los cumpleaños son casi siempre música calmada, sin muchos bajos, algo así como un día eterno en cámara lenta, que ruegas, termine pronto. Y así el resto, hasta el punto que he decidido armar mi propio hogar, mis propios padres y familiares, mantener algunos, sacar a otros. Siempre en el ideal de que algún día tenga la posibilidad de omitirlos. Nunca es así, siempre se mantiene ese inquieto silencio en el que he aprendido a vivir desde hace bastantes años, seguramente más de 18 en mi mente.

 

El resto es el resto, no juega en esas reglas. Generalmente hay color, generalmente hay grandes diálogos. Como una película inventada en mi cabeza, donde hay guión, efectos de sonido, enfoques especiales, tomas de diferentes ángulos. Y música, mucha música ruidosa para cada caminata, cada beso, cada abrazo y cada sensación (agradable o no) que se aparezca en el día. Pero no hay silencios, nunca hay nadie realmente callado. Cada pensamiento ocupa un espacio, y cada espacio se curva en una nota, y cada nota se queda en mi cabeza y nunca hay nadie que no diga una palabra. Siempre alguien escuchando, siempre alguien atento a lo que dices. Como una once con pan con palta, donde tus seres queridos te preguntan como estuvo tu día. Leche de chocolate en la mesa, la tele prendida y un mantel de plástico. ¿Cómo te fue hoy Daniela? Bien gracias respondería, mientras me pasan la mantequilla. De fondo suena Teleradio Donoso, y mis amigos disfrazados de mis familiares hablan de sus trabajos. Y por unos minutos me siento acompañada, en una historia inventada y lejana a lo convencional, pero completamente verídica y llena de voces y conversaciones que no dejan de inquietarme. Por suerte no dejan de inquietarme.