temporalmente inconexa


Un silencio a dos voces
18-04-07, 8:12 pm
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Me senté y miré la pantalla. Bajé poco a poco aquella barra ingrata que solo se encarga de entregarme decepciones y lo leí. Leí eso que nunca es sobre mí, y nunca retrata lo que pienso o pensé. Me siento de nuevo, no recuerdo haberme levantado, subo la mirada y bajo esa desquiciada barra que me hace más importante de lo que soy, omnipotente. No, no aparezco allí y no es una coincidencia sino el mero capricho de una mente que además de tonta parece ser olvidadiza. Me paro, cocina, té y camino de nuevo a la desgracia más subliminal posmoderna y absurda en la lectura de algo que no debería saberse. Maldigo Internet, yo no debería estar mirando esto, no debería entender lo que estoy entendiendo. Me acuesto, no recuerdo haberme levantado, y me tiro con mi té en una mano a pensar cosas, quizás la incertidumbre de la duda es lo peor que me ha pasado. Como aquella vez ¿Recuerdas cuándo te la comenté? ¿Hace cuánto hablo contigo? no he marcado nada, no he llamado a nadie pero me estás escuchando. Hace cuanto que sabes lo que estaba pensando. No te vas sin embargo desapareces, ¿En qué momento salí de mi casa? Camino largas horas para encontrarme nuevamente frente a esta pantalla, no recuerdo haberme levantado. Y estás tú, detrás de mí leyendo esto que no deberías leer. Me gustaba cuando todo era más cerrado, cuando no podía conocerte. Ahora está esa divagación errante sobre temas tratados-tramitados-borrados-extraditados y enviados, no hay por qué pensar en eso, no hay por que pensar en ti, no hay por qué pensar en mi. Finalmente, nunca soy yo.

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cosas de hoy
17-04-07, 9:43 pm
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que no dejan de ser ciertas



Cuidado Darwin!
08-04-07, 10:20 pm
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Queridos amigos, conocidos, desconocidos, ministro Cortázar y el difunto Espejo. He tenido el desagrado de conocer al nuevo escalón evolutivo de la cadena del Transantiago, un ser ruin y pequeño que se ha encargado de hacer los viajes aún (sí, pueden ser peores) más desagradables. La denominada: vieja chucky. Qué horario punta, qué empujones, qué agarrones, esa señora puede que no te acose sexualmente (y no te provoque acosarla) pero es peor que todas las anteriores. ¿Cómo reconocerla? Fácil: bajita, de pelo corto, gorda, llena de bolsas y tan rápida como un correcaminos. Rauda, veloz y aerodinámica, aunque en el camino se lleve tu cartera, tu bolso, tu chaqueta, tu bufanda o incluso tu propio cuerpo. Se le puede ver en todas las estaciones de intercambio de línea, corriendo, alegando y empujando a la gente. Nunca está tranquila, siempre debe ir audaz con sus cortas extremidades en busca del primer tren, atropellando a quién se le cruce. Se escabulle, te pisa y te tira a un lado mientras ella pasa las puertas con la luz roja y tú no. Pero así es esta pequeña criatura, deben comprenderla. Después de una extenuante jornada trabajando quién sabe donde, se convierte en su alter ego agresivo y corre afanadamente por los andenes de la línea 1,2,4 y 5.
Así que si se la encuentra, cuidado. Dejen un espacio, escúchenla y vean como corre. No traten de sonreír, es inmune a las amabilidades. Menos intenten tocarle el hombro y decirle tranquila, porque o los acusa de acoso o simplemente son un caso perdido. ¿Quién puede moverse en horario punta en el metro? Si usted lo logra, le aconsejo que mejor se esconda.